La Perla numero 11

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Llegamos bastante antes que su señoría, pues a través de los agujeros que había en la pared la habitación del muchacho estaba sumida en la más profunda oscuridad, y como la noche era cálida y no había necesidad de que nos cubriéramos, nos echamos en el lecho a esperar la llegada de Crim-Con. Mientras tanto nos divertíamos besándonos y jugando con nuestras partes íntimas, hasta que mi guapo mayordomo, a pesar de todo lo que tuvimos que joder aquella tarde, se sintió lleno de deseos y con ganas de follar, y su ardor lo iba a apagar en mi anhelante coño, pero pensamos que nuestros ruidos podrían despertar al paje y echar por tierra toda la diversión que teníamos planeada.

En el mismo instante en que le susurraba que nos estuviéramos tranquilos, oímos que alguien encendía una cerilla en el cuarto de al lado, y mirando por los agujeros, nos sorprendió ver que Reuben no estaba solo, sino acompañado por el ayuda del camarero, un joven de unos diecisiete años, muy hermoso, de quien nunca hubiéramos supuesto tal cosa, pues su talante era reservado, frío y muy respetuoso hasta con James, y nunca se nos hubiera ocurrido pensar que se viese mezclado en las diversiones de su señoría. Reuben encendió un par de velas, y luego, volviéndose hacia su compañero, que se hallaba en el lecho, masturbándose lentamente su dura polla, como si la quisiese tener lista para cualquier momento, le dijo:


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