Las mil y una noches segun Galland
Las mil y una noches segun Galland «Aladino», respondió el mago africano, «es un buen muchacho; me escucha lo suficiente, y creo que haremos de él un hombre de provecho. Sólo me fastidia una cosa, y es no poder ejecutar mañana lo que le he prometido. Es viernes, las tiendas estarán cerradas y no habrá medio de pensar en alquilar una de ellas y surtirla de mercancías mientras los mercaderes no piensan más que en divertirse. De modo que retomaremos la faena el sábado; pero vendré a buscarlo mañana y me lo llevaré a pasear por los jardines donde la buena sociedad acostumbra a encontrarse. Acaso no conozca aún las diversiones que allí se dan cita. Hasta ahora no ha estado más que con niños; debe tratar con hombres.» El mago africano se despidió, en fin, de la madre y del hijo y se retiró. Aladino, que no cabía en sí de gozo al verse tan bien vestido, gozaba todavía más pensando en el paseo por los jardines de los alrededores de la ciudad. En efecto, nunca había franqueado las puertas y no conocía los alrededores, que eran de gran belleza y muy agradables.