Las mil y una noches segun Galland
Las mil y una noches segun Galland El mago africano hizo muchas caricias a Aladino cuando lo vio. «Vamos, querido muchacho», le dijo con aire risueño, «quiero que veas hoy muchas cosas bellas.» Lo condujo por una puerta que llevaba a grandes y bellas mansiones, o más bien a magnÃficos palacios cada uno de los cuales tenÃa hermosÃsimos jardines de acceso libre. A cada palacio que encontraban, preguntaba a Aladino si le parecÃa hermoso; y Aladino, previéndolo, cuando otro se presentaba ante su vista: «TÃo», decÃa, «éste es más hermoso que los que acabamos de ver.» Entretanto, avanzaban más y más hacia el campo y el astuto mago, que querÃa ir más lejos para llevar a cabo el designio que tenÃa en la cabeza, aprovechó la ocasión para entrar en uno de esos jardines. Se sentó junto a un gran estanque que recibÃa una agua purÃsima por el hocico de un león de bronce y fingió estar cansado para hacer reposar a Aladino. «Sobrino», le dijo, «debes estar tan fatigado como lo estoy yo; descansemos aquà para recobrar fuerzas: asà tendremos nuevos ánimos para proseguir nuestro paseo.»