Las mil y una noches segun Galland
Las mil y una noches segun Galland Finalmente, llegaron a un lugar entre dos montañas de mediana altura y poco más o menos iguales, separadas por un vallecillo de muy poca anchura. Aquél era el lugar señalado donde el mago africano había querido traer a Aladino para la ejecución de un gran designio que lo había hecho venir desde un extremo de África hasta la China. «Hemos llegado», dijo a Aladino, «quiero mostrarte aquí cosas extraordinarias y desconocidas de todos los mortales; y, cuando las hayas visto, me agradecerás el haber sido testigo de tantas maravillas que nadie en el mundo ha podido ver sino tú. Mientras golpeo el eslabón, recoge tú las ramas más secas de esas zarzas, que vamos a hacer una hoguera.»
Era tal la cantidad de maleza que Aladino reunió en seguida un montón más que suficiente, mientras el mago encendía el fuego; y en el momento en que las ramas comenzaron a arder el mago africano vertió encima un perfume que tenía dispuesto. Se elevó una humareda muy espesa que él disipó de un lado y del otro pronunciando palabras mágicas que Aladino no comprendió.