Las mil y una noches segun Galland
Las mil y una noches segun Galland El pobre Aladino, todo tembloroso y con las lágrimas en los ojos: «Tío», exclamó llorando, «¿qué he hecho yo para merecer que me golpees tan duramente?». «Tengo mis razones para hacerlo», respondió el mago. «Soy tu tío, hago ahora las veces de tu padre y no debes replicarme. Pero, hijo mío», añadió en un tono más dulce, «no tengas miedo: sólo te pido que me obedezcas al pie de la letra, si quieres obtener provecho y hacerte digno de los grandes beneficios que te aguardan.» Estas bellas promesas del mago calmaron un poco el temor y el resentimiento de Aladino; y cuando el mago lo vio completamente tranquilizado, continuó: «Has visto lo que he hecho por la virtud de mi perfume y de las palabras que he pronunciado. Pues bien, has de saber que debajo de esta piedra que ves hay un tesoro escondido que te está destinado y que te hará un día más rico que los más grandes reyes del mundo. Tan verdad es esto como que tú eres la única persona en el mundo a quien es lícito tocar esta piedra y levantarla para entrar; incluso a mí me está vedado tocarla y poner los pies en la cámara del tesoro, cuando esté abierta. Por eso, es preciso que cumplas al pie de la letra lo que voy a decirte, sin equivocarte: la cosa es de enorme importancia para ti y para mí.»