Las mil y una noches
Las mil y una noches La viuda volvió a Bagdad y se refugió en mi casa; al verla yo en tan horrible estado, le abrí mis brazos y mi corazón, y así vivimos en tan buena inteligencia hasta que llegó mi segunda hermana en situación igual a la de la mayor, pues su difunto marido la había dejado reducida a pedir limosna. Poco tiempo después me dijeron ambas que para no serme gravosas tenían el proyecto de contraer segundas nupcias. Las disuadí con trabajo de tan absurdo plan, exponiéndoles las amarguras del primer matrimonio, y continuamos juntas como antes, y pasado un año fuí con ellas a Bassora con objeto de emprender un negocio comercial, y dándonos a la vela con un viento favorable salimos pronto al golfo Pérsico. A los veinte días de navegación echamos el ancla frente a una gran ciudad de las Indias, y en mi impaciencia desembarqué sola, dejando a bordo a mis hermanas. Vi a muchas personas sentadas y a otras en pie, pero todas de repugnante apariencia e inmóviles por completo. Me acerqué y noté con asombro que estaban petrificadas, de la misma manera que los hombres, las mujeres y los niños que encontraba por calles y plazas. En el centro de la ciudad vi un soberbio palacio que, a juzgar por su magnificencia, debía ser la residencia del soberano. Los patios, las antecámaras y los salones, todo estaba lleno de cortesanos, de oficiales y de servidores convertidos en estatuas de piedra, y, movida por la curiosidad, recorrí las habitaciones, incluso un espléndido gabinete en el que vi a una dama adornada de joyas, con una corona de oro en la cabeza y recostada en un magnífico sofá. Pero lo que más me llamó la atención fué la sala del trono, dispuesta con un lujo imponderable. En el sitio del trono distinguí un gran lecho rodeado de una luz vivísima producida por dos candelabros de oro puestos a la cabecera y por uno pequeño formado de un solo diamante, el más puro y hermoso que quizás haya en el mundo. Extraviada, y sin saber por dónde salir de aquel laberinto, resolví pasar allí la noche, no sin ciertas dudas y temores.