Las mil y una noches
Las mil y una noches Hice presentes al rey Mihrage de lo más selecto que poseÃa, a cuyo obsequio correspondió con regalos de gran valor, y me embarqué en el buque, no sin una abundante provisión de sándalo, de alcanfor, pimientas y cuantos frutos producÃa la isla, por valor de cien mil cequÃes. Llegué, al fin, a Bassora, y con las ganancias de mi primer viaje compré tierras, esclavos, y una casa magnÃfica para establecerme, resuelto a olvidar los pasados peligros.
Simbad se detuvo al llegar a este punto, sirvió de beber a sus convidados, y, dando una bolsa con cien cequÃes al mandadero, le dijo:
—Tomad y volved mañana a oÃr el resto de mis aventuras.
Lleno de gozo, el pobre Himbad dió aquella suma a su familia, y al siguiente dÃa fué puntualmente a la cita del ilustre viajero, quien, terminada la comida, habló en estos términos: