Las mil y una noches
Las mil y una noches —Tu obstinación —repuso el Visir— hará que me enoje. ¿Por qué te empeñas en ir al encuentro de una muerte segura? El que no prevé el fin de una empresa peligrosa, no puede realizarla como es debido. Cuidado que no te suceda lo que al asno, que estaba bien y no supo contentarse con su suerte.
—¿Qué le sucedió al asno? —preguntó Scheznarda.
—Escucha y lo sabrás.