Las mil y una noches

Las mil y una noches

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Que yo te concederé gustosísimo, si, como espero, es razonable.

—He ideado un plan —repuso la joven— para poner coto a las barbaries que comete el Sultán con las hijas de familia.

—Digna de alabanza es tu intención —contestó el Visir—, pero me parece que no tiene cura lo que tú piensas reparar.

—Padre mío —replicó Scheznarda—, puesto que sois vos el que cada noche habéis de procurar una nueva esposa al Sultán, os ruego que le propongáis que me conceda ese honor.

—¡Ah! —exclamó el Visir, aterrado—, ¿has perdido el juicio, hija mía? ¿Cómo te atreves a hacerme semejante ruego? ¿Sabes a lo que te expone tu indiscreto celo?

—Sí, padre mío —contestó Scheznarda—: sé a qué peligro me expongo. Si perezco, mi muerte será gloriosa; pero si logro llevar a cabo mi empresa, haré a mi patria un servicio inmenso.

—No, no —replicó el Visir—; es inútil que insistas, pues no puedo acceder a lo que me pides.

—Concedédmelo, padre mío; será la última gracia que os pida.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker