Las mil y una noches
Las mil y una noches Al fin, llegué a Bagdad, más rico que antes, a causa de las muchas piedras preciosas de que me habÃa apoderado en cambio de tantas penalidades y peligros, y mandé dar a los pobres de la ciudad una abundante limosna.
Simbad terminó asà el relato de su segundo viaje, hizo entregar otros cien cequÃes al mandadero, quien, con los demás convidados, volvió a las veinticuatro horas para oÃr de boca del noble anciano la relación del nuevo viaje.