Las mil y una noches
Las mil y una noches —Señor —le respondió el anciano—, soy pescador; pero el más escaso y desdichado de mi profesión. He salido de casa a pescar a las doce del dÃa, y desde entonces hasta ahora ni siquiera he cogido un pez. Sin embargo, tengo esposa e hijos menores, y no me queda arbitrio para mantenerlos.
El Califa, movido a compasión, dijo al pescador:
—¿TendrÃas ánimo para volver atrás y echar las redes una sola vez? Te daremos cien cequÃes por lo que saques.
A esta propuesta, el pescador olvidó el cansancio del dÃa, cogió al Califa la palabra y volvió hacia el Tigris con él, Giafar y Mesrour, diciendo para consigo:
—Estos señores parecen muy honrados y discretos para que no me gratifiquen por mi trabajo, y aun cuando no me dieran más que la centésima parte de lo que me prometen, serÃa mucho para mÃ.