Las mil y una noches

Las mil y una noches

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Los dos nuevos Visires dieron gracias al Sultán por su dignación, y se retiraron a su casa, en donde atendieron a las exequias del padre. Al cabo de un mes hicieron su primera salida y fueron al consejo del Sultán; y desde entonces continuaron asistiendo puntualmente los días que se reunía. Siempre que el Sultán iba a cazar, uno de los dos hermanos le acompañaba y lograban alternativamente aquella distinción. Un día que conversaban después de cenar sobre diferentes asuntos, la víspera de una cacería en que el mayor debía acompañar al Sultán, aquel joven dijo a su segundo:

—Hermano mío, ya que todavía no nos hemos casado y vivimos tan unidos, se me ocurre una idea: casémonos entrambos en un mismo día con dos hermanas escogidas en cualquier familia que nos corresponda. ¿Qué dices de mi propuesta?

—Digo, hermano —respondió Nuredin-Alí—, que es digna de nuestra amistad. Es un pensamiento excelente, y por mi parte estoy dispuesto a hacer cuanto quieras.

—¡Oh!, aun más —repuso Chemsedin Mohamed—; mi fantasía es muy voladora: suponiendo que nuestras mujeres conciban la primera noche de nuestras bodas, y que luego den a luz en un mismo día, la tuya un hijo y la mía una hija, los casaremos uno con otro cuando lleguen a la edad competente.


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