Las mil y una noches
Las mil y una noches —No os habéis engañado —me respondió el eunuco—; es la favorita de Zobeida, esposa del Califa, la cual siente por ella un cariño casi maternal, pues la ha criado desde que era niña. Mi ama le ha hablado de que desea casarse, manifestándole que ha puesto sus ojos en vos, y Zobeida le ha asegurado que dará su consentimiento, pero que antes desea conoceros. AsÃ, pues, os ruego que me acompañéis a Palacio, y asà podréis tomar una resolución.
—La he tomado ya y estoy dispuesto a seguiros —le contesté yo.
—Perfectamente —objetó el eunuco—, pero como en el departamento de las mujeres no pueden entrar los hombres, es preciso que toméis ciertas precauciones. AsÃ, pues, apenas anochezca, encaminaos a la mezquita y esperad allà hasta que vayan a buscaros.
Nada tuve que oponer a semejante indicación, y cuando llegó la noche, me dirigà a la mezquita, estremecido de impaciencia.
A los pocos momentos vi llegar un barco del que desembarcaron varios cofres, que llevaron a la mezquita, retirándose en seguida los remeros, excepto uno, en el que reconocà al eunuco que por la mañana me habÃa hablado. También và entrar a la dama.