Las mil y una noches
Las mil y una noches —Pues todos estos tÃtulos —le respond× no impiden que seáis un charlatán insoportable, capaz de apurar la paciencia de un santo.
—Tengo seis hermanos que hablan más que yo, y a ésos sà podrÃais acusar de charlatanes; pero no a mÃ, que soy hombre callado y conciso en mis discursos y peroraciones.
—Dad a este barbero tres monedas de oro y que se marche —dije a mis esclavos en el colmo de la desesperación.
—Vos sois quien me ha mandado venir, y juro a fe de musulmán que no saldré de esta casa sin haberos afeitado a mi gusto.
Y en seguida ensartó un nuevo discurso que duró más de media hora.
Entonces empleé las súplicas, que no surtieron efecto, y luego las amenazas; al fin, se decidió a enjabonarme la cara; pero apenas me puso encima la navaja se detuvo: