Las mil y una noches
Las mil y una noches —Convaleciente de una enfermedad —dijo—, no debierais entregaros a esos arrebatos, que os pueden costar caros y ocasionaros una fatal recaÃda. Tranquilizaos, pues; tened confianza en mÃ, y referidme qué asunto os obliga a afeitaros y a salir hoy a las doce, para cuya hora, dicho sea de paso, falta todavÃa bastante tiempo. Y, a decir verdad, yo soy quien tiene prisa, porque he invitado a comer a varios amigos y no he hecho aún mis compras y preparativos.