Las mil y una noches
Las mil y una noches —¡Qué aventuras tan singulares, hermana mÃa! —exclamó Diznarda.
—Pues no son comparables —dijo la Sultana— con las que te referiré esta noche, si el Sultán, mi señor, me permite vivir unas cuantas horas más.
Schariar no respondió ni una sola palabra, pero se fué a presidir el Consejo sin dar orden ninguna relativa a la vida de Scheznarda. Por el contrario, él fué quien, a la mañana siguiente, pidió la historia del segundo anciano y de los dos perros negros.
—Voy al punto a complaceros, señor —respondió Scheznarda, empezando asÃ: