Las mil y una noches
Las mil y una noches Compadecido de su triste suerte, le di mis mejores trajes y, además, la cantidad de mil cequíes, o sea, la mitad de la fortuna que yo poseía, con cuyo auxilio se dedicó de nuevo a los negocios y vivimos juntos como en otro tiempo.
Poco tiempo después quiso viajar también mi segundo hermano.
Hicimos cuanto nos fué posible para que desistiese de su proyecto, pero todo fué inútil, y al cabo de un año volvió en la misma situación que el hermano mayor.
Le di otros mil cequíes que tuve de ganancia durante el período de su ausencia, abrió una tienda nueva y continuó el ejercicio de su profesión.
Sin que les sirviese de escarmiento lo que les había sucedido, me propusieron mis hermanos que emprendiese con ellos un viaje para traficar en el extranjero, a lo cual me negué resueltamente, hasta que, después de cinco años de continuas súplicas, accedí a sus deseos. Tratóse de comprar los géneros y mercancías que eran indispensables, y confesaron que no poseían ni un solo cequí.