Las mil y una noches
Las mil y una noches Caschach miró a los durmientes con admiración y estupor.
—Maimocene —repuso luego—, te engañarÃa y me traicionarÃa a mà mismo si dijese que encuentro en ellos alguna diferencia. Ambos son incomparablemente hermosos.
El hada se transformó en pulga y picó al PrÃncipe en el cuello. Camaralzamán se llevó la mano a la parte dolorida, y la dejó caer luego sobre la mano de la Princesa. Sorprendido de hallar una mujer en su propio lecho, se incorporó vivamente, y al punto quedó prendado de aquella joven tan hermosa.
Pero en el momento en que se disponÃa a despertarla y declararle su amor, le asaltó la sospecha de que aquello era obra del Sultán, su padre, para inducirle al matrimonio, y sé contuvo. La Princesa llevaba sortijas en la diestra y Camaralzamán le quitó una que substituyó por otra de las suyas. Hecho esto le volvió las espaldas y se durmió tranquilamente.
Dauhasch se transformó a su vez en pulga y picó a la Princesa, que se despertó sobresaltada, y al ver a un hombre a su lado se quedó al pronto sorprendida, y luego, admirada de la sobrehumana belleza del joven PrÃncipe: