Las mil y una noches
Las mil y una noches Presentóse un astrólogo, y después de examinar atentamente a la Princesa, dijo que ésta había perdido realmente el juicio, pero que su locura era de amor.
Y el incrédulo Rey mandó decapitar al astrólogo.
Finalmente se presentó un sabio, hermano de leche de la Princesa, hijo de la nodriza que la vigilaba, a quien amaba aquélla entrañablemente, y fué introducido en secreto en la prisión de la joven.
—Hermano mío —le dijo ésta—, ¿creéis que realmente estoy loca? Escuchad.
Y le relató minuciosamente lo que le ocurrió en la torre del Príncipe, mostrándole luego el anillo.
—Princesa —repuso el joven sabio, que se llamaba Marzabán—, si lo que me habéis dicho es cierto, como creo, no desespero de poder daros la satisfacción que deseáis. Únicamente os ruego que os arméis de paciencia hasta que yo recorra los reinos que aun no he visitado, y, cuando sepáis que estoy de vuelta, dad por seguro que aquel a quien amáis está muy cerca de mí.
Dicho esto se retiró Marzabán, que emprendió su viaje al día siguiente.