Las mil y una noches
Las mil y una noches —PrÃncipe —le dijo el rey de los Magos cuando éste hubo terminado—, me alegro de haberos conocido, y para reparar en parte el mal que os ha hecho vuestro padre os nombro mi gran Visir. En cuanto al prÃncipe Assad, os permito que uséis de toda la autoridad que os concedo para encontrarlo.
Entretanto, Assad habÃa sido conducido a bordo de un buque que se hizo a la mar con rumbo a la Montaña del Fuego, donde debÃa ser sacrificado a la divinidad de sus aprehensores.
Mas a los pocos dÃas de navegación, se desencadenó una furiosa tempestad, y el buque fué impelido hacia la costa y tuvo que echar el ancla en la capital de la reina Margiana, la cual, como musulmana, era enemiga de los Adoradores del Fuego.
Apenas hubo fondeado el barco, la reina. Margiana envió a decir al capitán que se presentase en seguida en Palacio, y aquél (que no era otro que el anciano adorador que engañó al PrÃncipe), bajó a tierra acompañado dé Assad, que iba vestido de esclavo y obligado a decir que era secretario de Bherán, su amo.
Margiana se quedó al punto prendada de Assad, y sabiendo que era esclavo se propuso comprarlo.
—¿Cómo te llamas? —preguntó al PrÃncipe.
—¡Ay! En otro tiempo me llamaban Assad el GloriosÃsimo; ahora soy Matar y me destinan al sacrificio.