Las mil y una noches

Las mil y una noches

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Y añadió dirigiéndose a un esclavo:

—Acompaña a ese hombre y di a mis hijas que cumplan con su deber.

Obedeció el esclavo y Assad fué conducido a una cárcel subterránea, donde las hijas del anciano, ayudadas por el esclavo, le desnudaron y comenzaron a azotarle hasta que el pobre joven perdió el sentido.

Amgiad, lleno de zozobra por la tardanza de su hermano, pasó una noche horrorosa en el lugar en que le había dejado, y apenas despuntó el día, no pudiendo contener su ansiedad, se encaminó a la ciudad y recorrió al azar varias calles, sorprendido de ver tan escaso número de musulmanes.

—Esta es la ciudad de los Magos —le contestó un sastre, satisficiendo su curiosidad—, llamada así porque abundan mucho los Adoradores del Fuego.

Prosiguió su camino y al llegar a la plaza pública fué detenido por el Juez de policía, sospechando que fuese el autor de un asesinato cometido en la persona de una joven, perpetrado por un extranjero.

Amgiad hizo tan vehementes protestas de su inocencia, que el Juez de policía se creyó obligado a conducirlo al palacio del rey de los Magos, y una vez en presencia del monarca, Amgiad le contó su historia y la de su hermano.


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