Las mil y una noches
Las mil y una noches Esta proposición halagó el amor propio de Aladino, que aborrecía en efecto toda clase de trabajo manual, y aceptó de buena voluntad la promesa del africano, el cual le ofreció establecer la tienda en el corto plazo de dos días. Gozosa la viuda de Mustafá con el proyecto, no dudó que el mágico fuese hermano del difunto al ver el bien que iba a dispensar a su sobrino. La conversación giró sobre el mismo asunto durante la comida, terminada la cual se retiró el mágico, quien al día siguiente llevó a Aladino a casa de un mercader de ropas hechas para que vistiese al joven con sus más lujosos trajes.
Cuando Aladino se vió transformado con tanta ventaja desde los pies hasta la cabeza, no tenía palabras bastantes para expresar su gratitud al mágico, quien lo llevó consigo a casa de los mercaderes más ricos de la ciudad para que le conociesen, y luego le condujo a las mezquitas, a los departamentos del palacio del Sultán, libres para el público.
Por último, le hizo entrar en el Kan donde tenía su habitación, y después de obsequiar con largueza a su sobrino, le acompañó a la casa materna. Grande fué el gozo de la viuda al ver a su hijo vestido de aquella suerte, y bendijo mil y mil veces al mágico por su generosidad, asegurándole que Aladino sabría corresponder a ella.