Las mil y una noches
Las mil y una noches —Señora —replicó la afligida—; yo soy la viuda de Abou Aibou, mercader de Damasco, y tenÃa un hijo llamado Ganem, quien, venido a Bagdad, fué acusado de haber robado a Tormenta. El Califa le ha hecho perseguir por todas partes para darle muerte; no habiendo conseguido prenderle, ha escrito al rey de Damasco, mandándole saquear y arrasar nuestra casa, exponiendo a mi hija, que se llama Fuerza de los Corazones, y a mÃ, por tres dÃas consecutivos, desnudas por completo a la vista del pueblo, y después desterrarnos para siempre de la Siria. Sin embargo, a pesar del cruel modo como hemos sido tratadas, me consolarÃa de ello si mi hijo viviese todavÃa y pudiese encontrarlo. ¡Qué placer para mi y para su hermana poderle ver! OlvidarÃamos al abrazarle la pérdida de todas nuestras riquezas y todos los males que por su causa hemos sufrido. Estoy persuadida, pobre de mÃ, de que no ha ofendido al Califa, como nosotras mismas, su hermana y yo.