Las ultimas cartas de Stalingrado
Las ultimas cartas de Stalingrado Leí a mis muchachos la historia de la Natividad, del cristiano gentil Lucas, escrita en los versículos del 1 al 17 del capítulo segundo; les di pan duro y negro como Santo Sacrificio y Sacramento del Altar, como verdadero cuerpo de Jesucristo e imploré para ellos perdón y misericordia. No les hablé del quinto mandamiento. Los hombres se sentaban en taburetes y banquitos y levantaban hacia mí su mirada, los ojos abiertos de par en par en sus rostros consumidos por el hambre. Todos eran jóvenes. Sólo uno contaba cincuenta y un años. Me siento feliz por haber podido infundir consuelo y fortaleza en sus corazones; al terminar, nos dimos todos las manos, nos comunicamos nuestras direcciones y nos prometimos que los que saliéramos vivos de aquí buscaríamos a los familiares del pequeño grupo que formábamos y les contaríamos cómo habíamos celebrado la Nochebuena de 1942.
Que Dios extienda sus piadosas manos sobre vosotros, queridos padres, pues la noche llega y haríamos bien en arreglar nuestras cosas antes de morir. Somos llevados por la noche y en la noche entramos si así lo dispone el Señor del Universo. Pero no entramos en una noche sin fin. Ponemos nuestra vida en las manos de Dios; quiera Él perdonamos cuando llegue nuestra hora.