Las ultimas cartas de Stalingrado
Las ultimas cartas de Stalingrado Tú eras mi mejor amigo, Mónica. Tú no te perdiste, tú eras eso. La época es demasiado seria para hacer bromas. Esta carta tardará quince dÃas en llegar a tus manos. Hasta entonces ya habrás leÃdo en el periódico lo que aquà ha ocurrido entretanto. No pienses mucho en ello, en realidad todo acabará de manera completamente distinta; deja a otras personas el cuidado de aclararlo. ¿Qué te importan a ti y a mà estas personas? Yo pensaba siempre y exclusivamente en años luz y sentÃa en segundos. También aquà tengo mucho que hacer con el estado del tiempo. Somos cuatro, y si esto continúa asà estaremos muy satisfechos. Nuestro quehacer en sà mismo es muy sencillo. El registro de la temperatura y estado higrométrico, datos sobre la altura de las nubes y grado de visibilidad, es todo lo que constituye nuestra tarea. Si un burócrata leyera lo que estoy escribiendo las lágrimas se le saltarÃan de los ojos… a causa de la violación del secreto del servicio. Mónica, ¿qué es nuestra vida en comparación con los millones de años del cielo estrellado? En esta hermosa noche, veo Andrómeda y Pegaso por encima de mi cabeza. Las he estado observando durante largo rato y pronto estaré muy cerca de ellas. Mi contento y mi ponderación se los debo a las estrellas, entre las cuales tú eres la más bella. Las estrellas son inmortales y la vida del hombre es como un granito de polvo en el Todo.
