Lazarillo de Tormes
Lazarillo de Tormes Cómo Lázaro se asentó con un escudero, y de lo que le acaesció con él
Desta manera, me fue forzado sacar fuerzas de flaqueza, y, poco a poco, con ayuda de las buenas gentes, di comigo en esta insigne ciudad de Toledo, adonde, con la merced de Dios, dende a quince días se me cerró la herida. Y, mientras estaba malo, siempre me daban alguna limosna; mas, después que estuve sano, todos me decían:
—Tú bellaco y gallofero eres. Busca, busca un amo a quien sirvas.
«¿Y adónde se hallará ése —decía yo entre mí—, si Dios agora de nuevo, como crió el mundo, no le criase?».
Andando así discurriendo de puerta en puerta, con harto poco remedio, porque ya la caridad se subió al cielo, topóme Dios con un escudero que iba por la calle, con razonable vestido, bien peinado, su paso y compás en orden. Miróme, y yo a él, y díjome:
—Mochacho, ¿buscas amo?
Yo le dije:
—Sí, señor.