Lazarillo de Tormes
Lazarillo de Tormes —Pues vente tras mà —me respondió—, que Dios te ha hecho merced en topar comigo; alguna buena oración rezaste hoy.
Y seguÃle, dando gracias a Dios por lo que le oÃ, y también que me parescÃa, según su hábito y continente, ser el que yo habÃa menester.
Era de mañana cuando este mi tercero amo topé, y llevóme tras sà gran parte de la ciudad. Pasábamos por las plazas do se vendÃa pan y otras provisiones. Yo pensaba, y aun deseaba, que allà me querÃa cargar de lo que se vendÃa, porque ésta era propia hora cuando se suele proveer de lo necesario; más muy a tendido paso pasaba por estas cosas. «Por ventura no lo vee aquà a su contento», decÃa yo, «y querrá que lo compremos en otro cabo».
Desta manera anduvimos hasta que dio las once. Entonces se entró en la iglesia mayor, y yo tras él, y muy devotamente le vi oÃr misa y los otros oficios divinos, hasta que todo fue acabado y la gente ida. Entonces salimos de la iglesia. A buen paso tendido comenzamos a ir por una calle abajo. Yo iba el más alegre del mundo en ver que no nos habÃamos ocupado en buscar de comer. Bien consideré que debÃa ser hombre mi nuevo amo que se proveÃa en junto, y que ya la comida estarÃa a punto y tal como yo la deseaba y aun la habÃa menester.