Lazarillo de Tormes
Lazarillo de Tormes Luego otro día que fui levantado, el señor mi amo me tomó por la mano y sacóme la puerta fuera; y, puesto en la calle, díjome:
—Lázaro, de hoy más, eres tuyo y no mío[239]: busca amo y vete con Dios, que yo no quiero en mi compañía tan diligente servidor. No es posible sino que hayas sido mozo de ciego.
Y, santiguándose de mí, como si yo estuviera endemoniado, se torna a meter en casa y cierra su puerta.