Lazarillo de Tormes
Lazarillo de Tormes Sentóse el escribano en un poyo para escrebir el inventario, preguntándome qué tenÃa.
—Señores —dije yo—, lo que éste mi amo tiene, según él me dijo, es un muy buen solar de casas y un palomar derribado.
—Bien está —dicen ellos—; por poco que eso valga, hay para nos entregar[390] de la deuda. ¿Y a qué parte de la ciudad tiene eso? —me preguntaron.
—En su tierra —les respondÃ.
—Por Dios, que está bueno el negocio —dijeron ellos—. ¿Y adónde es su tierra?
—De Castilla la Vieja me dijo él que era —les dije.
Riéronse mucho el alguacil y el escribano, diciendo:
—Bastante relación es ésta para cobrar vuestra deuda, aunque mejor fuese.
Las vecinas, que estaban presentes, dijeron:
—Señores, éste es un niño inocente y ha pocos dÃas que está con ese escudero, y no sabe dél más que vuesas mercedes, sino cuánto el pecadorcico se llega aquà a nuestra casa, y le damos de comer lo que podemos, por amor de Dios, y a las noches se iba a dormir con él.