Lazarillo de Tormes
Lazarillo de Tormes Como calló, mi amo le preguntó si querÃa decir más, que lo dijese. El alguacil dijo:
—Harto más hay que decir de vos y de vuestra falsedad; mas por agora basta.
El señor comisario se hincó de rodillas en el púlpito, y, puestas las manos y mirando al cielo, dijo ansÃ:
—Señor Dios a quien ninguna cosa es escondida, antes todas manifiestas, y a quien nada es imposible, antes todo posible: tú sabes la verdad y cuán injustamente yo soy afrentado. En lo que a mà toca, yo lo perdono, porque tú, Señor, me perdones. No mires a aquél que no sabe lo que hace ni dice; mas la injuria a Ti hecha te suplico, y por justicia te pido no disimules; porque alguno que está aquÃ, que por ventura pensó tomar aquesta sancta bula, y dando crédito a las falsas palabras de aquel hombre, lo dejará de hacer. Y, pues es tanto perjuicio del prójimo, te suplico yo, Señor, no lo disimules, mas luego muestra aquà milagro; y sea desta manera: que si es verdad lo que aquél dice y que yo traigo maldad y falsedad, este púlpito se hunda comigo y meta siete estados debajo de tierra, do él ni yo jamás parezcamos; y si es verdad lo que yo digo, y aquél, persuadido del demonio, por quitar y privar a los que están presentes de tan gran bien, dice maldad, también sea castigado y de todos conocida su malicia.