Lazarillo de Tormes

Lazarillo de Tormes

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Cuando por bien no le tomaban las bullas, buscaba cómo por mal se las tomasen; y para aquello hacía molestias al pueblo, e otras veces con mañosos artificios. Y, porque todos los que le veía hacer sería largo de contar, diré uno muy sotil y donoso, con el cual probaré bien su suficiencia.

En un lugar de la Sagra de Toledo[411], había predicado dos o tres días, haciendo sus acostumbradas diligencias, y no le habían tomado bulla, ni a mi ver tenían intención de se la tomar. Estaba dado al diablo con aquello, y, pensando qué hacer, se acordó de convidar al pueblo para otro día de mañana despedir la bulla.

Y esa noche, después de cenar, pusiéronse a jugar la colación[412] él y el alguacil; y sobre el juego vinieron a reñir y a haber malas palabras. Él llamó al alguacil ladrón, y el otro a él falsario. Sobre esto, el señor comisario[413], mi señor, tomó un lanzón que en el portal do jugaban estaba; el alguacil puso mano a su espada, que en la cinta tenía. Al ruido y voces que todos dimos, acuden los huéspedes[414] y vecinos y métense en medio; y ellos, muy enojados, procurándose de desembarazar de los que en medio estaban, para se matar. Mas, como la gente al gran ruido cargase[415] y la casa estuviese llena della, viendo que no podían afrentarse con las armas, decíanse palabras injuriosas; entre las cuales el alguacil dijo a mi amo que era falsario y las bullas que predicaba que eran falsas.


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