Majjhima Nikaya. Los sermones medios del Buddha
Majjhima Nikaya. Los sermones medios del Buddha Y aunque los monjes le inquirieron, le pidieron explicaciones e insistieron, él se mantuvo firme y tercamente aferrado a la opinión perniciosa que se le había ocurrido. Como no pudieron disuadirle de aquella opinión perniciosa, los monjes fueron adonde estaba el Bienaventurado, le ofrecieron sus respetos y se sentaron a un lado. Una vez sentados, los monjes relataron al Bienaventurado lo que había ocurrido, concluyendo: «Venerable señor, puesto que no conseguimos disuadir al monje Sāti de esta perniciosa opinión, hemos venido a informar al Bienaventurado». Entonces, el Bienaventurado llamó a un monje y le dijo:
—Ve adonde está el monje Sāti, el hijo del pescador, y dile de mi parte que el Maestro le llama.
—Sí, venerable señor —respondió el monje al Bienaventurado, y fue adonde estaba el monje Sāti, se le acercó y le dijo:
—Amigo Sāti, el Maestro te llama.
—De acuerdo, amigo —respondió el monje Sāti, y fue adonde estaba el Bienaventurado, se le acercó, le ofreció sus respetos y se sentó a un lado. Una vez sentado, el Bienaventurado dijo así al monje Sāti:
—Sāti, ¿es verdad que se te ha ocurrido la siguiente opinión perniciosa: «Tal y como entiendo la Enseñanza predicada por el Bienaventurado, es esta misma conciencia y no otra, la que transmigra por la rueda de renaceres»?