Ollantay
Ollantay En un siglo rico en cantidad de obras dramáticas, aunque de pobre calidad, la versión de Ollanta de Constantino Carrasco destaca como uno de los grandes logros del teatro romántico peruano ya que no se trata de una simple traducción literal del original quechua sino de una versión poética, inspirada y fiel, que hace resaltar las bondades del original. Muy superior a la dura prosa con que fue realizada, poco antes que la suya, la de José Sebastián Barranca (1868), o a la infame versión poética posterior de Bernardino Pacheco (1881), la de Carrasco está realizada con fluida versificación y es una lástima que nunca haya sido representada porque su calidad superior lo amerita.
En su difundido libro La literatura de los quechuas, el distinguido quechuista boliviano Jesús Lara ha afirmado con ligereza:
La traducción de Barranca fue puesta en verso castellano, con sensibles deformaciones, por Constantino Carrasco y editada en 1876, en Lima, con prólogo de Ricardo Palma. Carrasco volvió a publicar su trabajo, dos años más tarde, junto con otros, en Trabajos poéticos, que llevaba un nuevo prólogo intitulado «Juicio crítico», de Ricardo Palma[4].