Ollantay
Ollantay con entusiasmo te estrechan.
Ya ves cómo te acarician
sin excepción las maestras,
y con qué dulce ternura
te halagan, miman y besan.
A ti sola te distinguen,
solo tu rostro contemplan…
¿Qué más ambicionar puedes,
tú que servirlas debieras?
Yo no sé por qué te afliges
en compañía tan buena.
Mira también que te acata
todo la imperial nobleza,
cual si de la sangre ilustre
de las Escogidas fueras,
y que en ti se regocijan
como si en el Sol se vieran.
IMA-SÚMAC
Siempre me hablas esto mismo
y lo mismo me aconsejas;
mas yo debo confesarte
que estos claustros me exasperan;
que abomino esta morada,
y maldigo mi existencia;
esta inacción me aniquila,
este ambiente me envenena.
Detesto de las matronas