Ollantay
Ollantay OLLANTA.— Ya te digo, Piqui-Chaqui, que acometerÃa a la misma muerte con su guadaña; aunque una montaña entera y todos mis enemigos se levantaran contra mÃ, combatirÃa con ellos hasta morir por abrazar a Ccoyllur.
PIQUI-CHAQUI.— ¿Y si el demonio saliera?
OLLANTA.— Aun a él hollarÃa con mis plantas.
PIQUI-CHAQUI.— Porque no veis ni la punta de sus narices, por eso habláis asÃ.
OLLANTA.— En hora buena, Piqui-Chaqui, dime sin recelo: ¿Cusi-Ccoyllur, no es una brillante flor?
PIQUI-CHAQUI.— ¡Vaya! Estás loco por Cusi-Ccoyllur. No la he visto. Tal vez fue una que entre todas las sin mancilla salió ayer, al rayar la aurora, hermosa como la Luna y brillante como el Sol en su carrera.
OLLANTA.— Sin duda ella fue. He aquà que la conoces. ¡Qué hermosa! ¡Qué jovial! Anda en este instante y habla con ella, que siempre está de buen humor.
PIQUI-CHAQUI.— No desearÃa ir de dÃa al palacio, porque en él no se conoce al que va con quipe.
OLLANTA.— ¿Cómo, no me has dicho que ya la conoces?
PIQUI-CHAQUI.— Eso he dicho por decir. Como las estrellas brillan de noche, por eso sólo de noche la conozco.