Ollantay
Ollantay y luego que volvió en sí
se halló preso en nuestras manos.
Rumi-Ñahui todavía
no estaba del todo sano.
Orco-Huaranca marchaba
afligido y cabizbajo,
pero empuñaba con furia
la cadena en que iba atado.
De aquesta manera el Inca
a Ollanta y séquito trajo.
Anco-Huallu y sus mujeres
y como diez mil soldados
prisioneros… ¡Pobres Antis!
Me la han pagado bien caro.
Sus hijas llorando a mares
caminaban a su lado…
(A Huillca-Uma[107]).
Por esto es que a Huillcanota
has visto inundada en llanto.