Ollantay
Ollantay Ya oÃs que se ordena
que muráis en la estaca.
Llévalos, Rumi-Ñahui.
¡Muera esa gente desleal e ingrata!
(Llanto y gritos en el interior).
RUMI-ÑAHUI
¡A estos viles traidores
arrastrad a la plaza!
Estiradlos, hacedlos
cien mil pedazos…
TÚPAC-YUPANQUI
Rumi-Ñahui, ¡basta!
Yo doy la libertad a estos cautivos.
Os podéis alejar de mi presencia.
La muerte merecéis: yo os dejo vivos.
Quiero usar con vosotros de clemencia.
Y esta vez perdonaros, y otras ciento,
y la ambición que os ofuscó traidora
relegar al olvido. ¡En el momento
como el ciervo[110] en los bosques huid ahora!
(Vanse los prisioneros).
Y tú escúchame, Ollanta:
tú, que del Anti-suyo el gran distrito
has gobernado con prudencia tanta,
recibe hoy el perdón de tu delito;
pues yo deseo, como padre tierno,
que conserves tu fama y tu gobierno.