Ollantay
Ollantay Ojo-de-Piedra: Tupac-Yupanqui acaba de posesionarse del trono como nuevo rey del Cuzco, elevándose, contra la voluntad de todos, sobre olas espumosas de sangre humana. Su corazón no estará satisfecho hasta hacer que nos corten a todos la cabeza. La roja flor del Ñuccho corre por doquier, pues en su delirio todo lo inmola. Sin duda no habrás olvidado que yo era jefe del País-Alto. Yupanqui, sabiendo lo que me ha sucedido, me hizo llamar a su casa, y, como tiene un corazón feroz, ordenó que me trataran así. He ahí, mi amado protector, cómo me han destrozado en casa de Yupanqui.
Ollantay: No te aflijas, piedra dura. Ante todo, es preciso curarte. En ti veo ya el cuchillo que blandiré contra él. El gran día del Sol, celebraremos en Tambo la solemne fiesta. Ese día lo dedico a la alegría, y sobre las alturas de mis dominios, todo el mundo se regocijará.
Ojo-de-Piedra: Esos tres días de fiestas, serán para mí un alivio. Quizá para entonces estaré curado, y nuestros corazones se entregarán a la alegría.
Ollantay: Así será. Tres noches velaremos en honor del Sol, y para entregarnos mejor al regocijo, nos encerraremos en Tambo.
Ojo-de-Piedra: ¡Que los jóvenes encuentren, como siempre, en esas noches sus delicias, y cada cual, reposando de sus fatigas, lleve consigo la esposa que haya recibido!