Poesia oral
Poesia oral mi padre, para quien era amigo el mundo.
Siempre he de pensar en él, cada vez que mis ojos se alcen.
Cuando recuerdo cómo se dirigía hacia el mercado,
allí donde florece el tráfico,
¡oh! ya no puedo ver con claridad el mundo,
tan copiosas me caen las lágrimas;
cuando revivo esta última miseria
que aprieta mis huesos,
la idea de que no tengo esposo.
* * *
¡Oh, mi dulce retoño!
Oh, no me dejes
como cascara de arroz.
Que seas tú quien me dé sepultura en la tierra.
Mi padre debe seguir viviendo,
viviendo en medio del mundo.
Y si tú fueras a morir,
¡ah! yo sería como una gallina a quien se dejó huir,
como un caballo desatado.
Mi pequeño retoño desea abandonarme,
abandonarme, a destiempo nacida;
a mí, que soy como una olla de barro requemada,
como un utensilio de hierro.