Preguntale a Alicia
Preguntale a Alicia Después hablé con Alicia, a quien encontré, drogada, sentada en el bordillo de la acera. Ella ignoraba si había huido de algo o si escapé para hacer algo, pero reconoció que, en el fondo de su alma, quería volver a su casa.
Con los otros que hablé —aquéllos que tenían casa—, parecían deseosos de volver, pero tenían la sensación de que no podrían, ya que ello suponía renunciar a su identidad. Me hicieron pensar en esos centenares de miles de muchachos y muchachas que abandonaron a sus familias y deambulan de un lugar a otro. ¿De dónde salieron? ¿Dónde consiguen un techo cada noche? La mayoría carece de dinero y ya no tiene adónde ir.
Creo que cuando vuelva al liceo me dedicaré a orientar niños. O quizá fuese preferible hacerme psicóloga. Al menos podría comprender en qué situación están los muchachos y ayudar a compensar el mal causado a mi familia, a repararlo. Tal vez ha sido bueno sufrir tanto, pues eso me hará más comprensiva y tolerante con el resto de la humanidad.