Robin Hood
Robin Hood —Carne de venado, ciervos gordos y tiernos, ganso de vez en cuando y faisán, legumbres tiernas y frescas y fruta en abundancia… Todo regado generosamente con rubÃsima cerveza y vino del mejor… —repetÃa Robin, como una letanÃa al oÃdo del fraile—. Vente con nosotros, que también necesitamos un buen cocinero y me han dicho que tú lo eres…
—¡Basta, Robin, me rindo! —gritó desesperado el pobre fraile—. ¡Eso es demasiado para que un infeliz pecador como yo se resista!
Robin hizo una señal al «pequeño John» y a Much, que salieron de sus escondites y fueron hacia el curioso grupo que formaba el fraile y el proscrito. Al ver el descomunal tamaño del «pequeño John», el fraile dijo:
—¡Amigo, si en tu banda tienes muchos nenes como éste, debemos llevarnos algunas mamaderas!
—¡Si no fuera por esos hábitos religiosos que llevas, te darÃa un garrotazo! —le contestó John, que no aguantaba bromas a los desconocidos sobre su tamaño.
—No te preocupes por eso, criatura, porque me los saco si quieres pelear.
—¡Bueno, dejad ese asunto para arreglarlo en casa —cortó Robin—, y prepárate a marchar!
