Robin Hood
Robin Hood —Pero, en cambio —insistió Robin—, hay otras tantas que me cuidarán de la zarpa del sheriff. ¡Ea! —exclamó de pronto—. Está decidido. ¡Sacad todas las armas y arreglaos las armaduras, pues iré a Nottingham a disputar el premio al mejor arquero!
Gran revuelo y discusiones provocó entre los suyos esta decisión del gran proscrito. Todos querÃan ir a presenciar la justa, aunque más les interesaba guardar las espaldas de su jefe. Por fin, y no pudiéndose poner de acuerdo, decidieron ir todos…

El dÃa señalado para el comienzo de las fiestas, apareció en el campo destinado para ella una cantidad de individuos de los más heterogéneos que pueda imaginarse. Veinte o treinta molineros vestidos con sus trajes de labor y cubiertos de harina de la cabeza a los pies; otro numeroso lote de pordioseros, ataviados de las maneras más raras; mercaderes; esclavos que parecÃan llegar desde lejanas comarcas y toda clase de trabajadores del campo, se habÃan dado cita allÃ. SobresalÃa de aquella muchedumbre un mendigo cojo, de una talla descomunal y que caminaba dificultosamente con ayuda de una muleta improvisada con una rama de roble.