Robin Hood
Robin Hood —Un tiro asà es un buen tiro —dijo Hodden a Henry—, sea inglés o normando el que lo haga.
Esta segunda rueda, arrancada al favoritismo del monarca, habÃa eliminado a Huberto, que se retiró a un ángulo del campo, patente en la cara una impresión de ira.
Por lo espectacular del tiro de Henry y sobre todo en su calidad de normando, se dispuso que ahora serÃa el primero en tirar.
Partió su flecha y cortando el aire con la velocidad del rayo hizo centro.
—Ahora te toca a ti, viejo insolente —dijo el rey Juan, excitado por la emoción del decisivo momento—. ¡Debes mejorar ese tiro o pierdes tu mano derecha!
Ni la bárbara amenaza consiguió turbar la tranquilidad del viejo sajón, que hizo su tiro y la flecha, pasó rozando la del normando y yendo a incrustarse, casi pegada a la de éste, y en el centro justo. ¡El tiro de Henry habÃa sido mejorado!
Pero, de cualquier modo, iba a ser discutido por los secuaces del sheriff, por lo que el viejo Hodden, consiguiendo ser oÃdo en la algarabÃa que armaba el público sumada a la de los esbirros que pretendÃan acallarla, gritó: