Robin Hood
Robin Hood —¡Hermoso tiro! —comentó con admirativa lealtad el viejo sajón—. Pero ahora prepárate para aprender a tirar con arco…
Se agachó, recogió del suelo una brizna de hierba y la sostuvo en el aire observando la dirección del viento. Luego armó el arco y poniendo un poco de mayor cuidado que el que habÃa tenido hasta entonces largó la cuerda…
Una estruendosa exclamación resonó en todo el campo al ver cómo la varita de sauce saltaba por el aire en dos pedazos.
—¡Éste no es un hombre, es un demonio! —exclamó el prÃncipe Juan.
—¡Hombre o demonio, la cosa es que ganó el premio, y es un sajón! —dijo, furioso el sheriff.
Mientras, el viejo Hodden iba hacia Henry y le estrechaba la mano, diciéndole:
—Aunque el premio me pertenece por entero, te invito a que lo compartamos; yo tomaré sólo el cuerno y la flecha; quédate tú con el dinero.
Pero Henry sacudió negativamente la cabeza.
—No —dijo—, el dinero me sobra, viejo, y tú lo has ganado ampliamente. Quédate con todo y puede ser que nos encontremos otra vez y tendré el gusto de ser de nuevo tu contrincante.
—Asà yo lo espero; adiós. —Terminó diciendo Hodden.