Robin Hood
Robin Hood Quince dÃas después del animado torneo de Nottingham y cuando el sheriff habÃa elevado a cincuenta las cuarenta monedas de oro ofrecidas por la cabeza de Robin Hood, el padre Hugo de Rainault recibÃa en su AbadÃa de Santa MarÃa la visita de su compinche Isambart de Bellame.
Invitó a su exaliado con el mejor vino de su bien provista bodega y se dispuso a escuchar el motivo de la visita.
—El verano está pasando —comenzó diciendo Isambart— y yo me quiero casar antes de que llegue el otoño.
—Me parece una excelente resolución —comentó Hugo—. Por lo tanto, ¿habéis venido, supongo, a pedirme que os envÃe un cura para que os case en la capilla de Bellame?
—Exactamente —asintió Isambart—, un cura, y además la novia, de acuerdo con lo que pactamos cuando me pedisteis treinta hombres para dar caza a Robin Hood; convenio que yo cumplà en todas sus partes…
—Hombre —exclamó alarmado el abad—, espero que no vendréis a exigirme que os dé a mi pupila.
—Sin embargo, a ello vengo. Un convenio es un convenio. ¡Yo os di mis hombres y vos deberéis entregarme a Mariana!
