Robin Hood
Robin Hood Robin dejó que Guy se alejara un poco; cuando el fugitivo se halló a unas cien yardas, levantó el arco, estiró las cuerdas y disparó. Hizo impacto en las ancas del noble animal, que rodó por tierra, proyectando a bastante distancia a su jinete, debido a la velocidad de la carrera que llevaba en el momento de recibir la flecha.
Al verlo caer, corrió Robin hacia él, y empujándolo con el pie, como quien patea trapos sucios, le dijo:
—¿Qué clase de hombre de armas eres que dejas en manos de bandidos a las jóvenes confiadas a tu custodia? ¿Qué dirá de esto Hugo cuando lo sepa?
El de Gisborne se puso de pie, y a pesar de la desairada situación en que por tercera vez se veía puesto por el proscrito, tuvo la desfachatez de desafiarlo, diciéndole:
—¡Si tuviera mi espada, no te burlarías de mí!
Robin le señaló el sitio donde aquélla había quedado y le dijo:
—Ve a buscarla y pelearemos como caballeros.