Robin Hood
Robin Hood —¿Un cura muy gordo y en la selva? —preguntó Roberto de Rainault—. Ése sólo puede ser el fraile Tuck, que forma parte de la banda del proscrito, no me cabe la menor duda. ¿Qué dirección llevaba el fraile cuando lo viste?
—Hacia el norte —contestó sin vacilar el carbonero—, y dijo que él también se dirigÃa al condado de York. Aunque muy bien pudo haber mentido, señor…
—Mira, amigo —dijo el sheriff—, esta noche debo encontrarme con otros tantos hombres como los que aquà ves al borde de la Dark Mire, y si alguno de vosotros llega a averiguar algo más sobre la banda de Robin, que me lleve la noticia y se ganará una buena moneda de plata.
Acto seguido ordenó seguir la marcha, dejando a los carboneros entregados a su dura labor.
Tan pronto como el último de los hombres del sheriff se perdió de vista, Scarlett y Much —pues eran ellos los carboneros— se fueron en busca de Robin, que se hallaba muy cerca con cincuenta de los suyos. La conversación de los falsos carboneros con el sheriff fue festejada con estruendosas risotadas, tomando buena nota de los datos obtenidos.
—Déjalos que busquen hasta que los rinda el cansancio. Esta noche también nosotros estaremos en la Dark Mire. ¡Scarlett y tú, Much, sois un par de espÃas maravillosos…!