Robin Hood
Robin Hood Decidió entonces quedar atento a cualquier alarma de los centinelas. Dos horas después tomó ocho hombres y salió a recorrer los puertos para cambiar las guardias… ¡Cuál no sería su sorpresa al comprobar la desaparición de los centinelas, que habían sido substituidos por sendos muñecos de paja!
Hágase cargo el lector del efecto que la misteriosa desaparición produjo entre los despavoridos guerreros de Roberto de Rainault…
—¡Ahora nos tocará a nosotros! —se decían—. ¡Cuando llegue el día estaremos todos bizcos como Smith de Barnsdale o poseídos por el demonio!
Una especie de locura colectiva comenzaba a cundir entre aquellos infelices…