Robin Hood

Robin Hood

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Tendré que quedarme en él, pues de otro modo pronto me hallarían los secuaces de Gisborne. Y si no me fugo o me escondo, me vería obligado a volver junto a él porque, al fin y al cabo, soy su esclavo. Eso significaría latigazos y el trabajo brutal a que he estado sometido hasta ahora, premiado, al fin de la jornada, con más latigazos; que para eso soy torpe y no tengo derecho a nada. Me llaman «Poca Cosa», pero yo le digo a usted —y aquí su voz se hizo fuerte— que no hay justicia para nosotros los sajones bajo la dominación de estos perros normandos.

—Tienes razón —contestó Robin— pero, por ahora, trae a tu hijo y vente conmigo a mi casa. Después veremos qué podemos hacer de ti.

—¡A tu casa, amo Robin! —repitió con aire incrédulo el pobre esclavo—. ¡Pero yo maté a un ciervo del rey…!

Una sonrisa apareció en los labios de Robin Hood, y tranquilizó a Sibald:

—¡Bah! Yo también andaba por aquí, y bien pude haber tirado un par de flechas… —Y reiterando con energía la invitación, repitió:

—Bueno, basta de conversación; ve a buscar a tu hijo y venid conmigo, que allá encontraréis los dos un poco de calor.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker