Robin Hood
Robin Hood Dejando profundas huellas en la nieve, Robin Hood, y detrás de él Sibald y su hijo, un niño de unos diez años de edad aterido de frÃo y pasado de hambre, llegaron a la cabaña del primero.

Pocas horas después Herberto, uno de los guardabosques de Gisborne, vio las huellas de largos pasos que reconoció como de Robin, por lo que no paró mientes en ellas. Pero detrás habÃa otras que le llamaron la atención: una de ellas pertenecÃa a un niño y la otra habÃa dejado a su lado, en cada paso, una pequeña mancha de sangre.
—¡Oh —se dijo—, aquà ha habido un asesinato!
Y cuando se internó en el bosque y halló la nieve removida, las flechas que mataron al ciervo, la osamenta de éste y la carne que Sibald habÃa metido entre la nieve. Ya no dudó sobre lo que habÃa pisado en la espesura.
—Ajá —comentó con cierta fruición—, el amo y el esclavo salen juntos de caza. Hermosa noticia para Guy de Gisborne, que podrá obtener asà las tierras de Robin Hood, y que a mÃ, su portador, me valdrá el ser nombrado alguacil…